1. Pregunta cuántos alumnos hay en clase
En grupos demasiado numerosos resulta difícil garantizar tiempo real de conversación. Un grupo reducido facilita que el profesor escuche, corrija y acompañe a cada alumno.
2. Comprueba que existe una prueba de nivel
La edad no siempre coincide con el nivel lingüístico. Una valoración inicial evita colocar al alumno en un grupo demasiado fácil o demasiado exigente.
3. Pide información sobre el seguimiento
Las familias deberían conocer la asistencia, evolución y dificultades del alumno. Los exámenes orales y escritos y los informes periódicos aportan evidencias concretas.
4. Busca continuidad
El programa debe conectar las etapas escolares con objetivos a medio plazo, como alcanzar B1 o B2, sin precipitar al alumno hacia un examen antes de estar preparado.
5. Valora la comunicación y la confianza
Una academia cercana debe explicar con claridad qué trabaja, cómo responde ante una dificultad y cuándo conviene cambiar de nivel o grupo.
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